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EL MEMORIAL DE LA MUERTE DE JESUCRISTO
Saludos en el nombre de Jesucristo, la escritura dice que la salvación viene de los judíos, siendo Jesús un israelita de la tribu de juda, es facil comprender esto, por lo tanto el cristianismo es herencia del judaísmo, aunque ya nosotros como olivos silvestres siendo injertados al olivo natural, ya no hacemos muchas practicas judias, pues Jesús Abolió la ley en orden a ritos que nos era contraria, sin embargo el cristianismo se contamino con practicas originadas en el mundo gentil, habría que hacer un análisis de esas practicas que aun hoy persisten en el cristianismo, pero hoy quiero comentar breve una que la mayoría del mundo cristiano celebra.. La Semana Santa, donde se celebra un viernes de crucifixión y un domingo de resurrección, que a la luz de las Escrituras es errado, Jesús mismo profetizo que estaría 3 días y 3 noches en el sepulcro, (Mateo 12:38-40) haga una suma y entenderá que si muere el viernes a las tres de la tarde (según se cree) y resucita un domingo por la mañana solo cumple la mitad de la profecía, un día y medio, por lo tanto este jesús no es el jesús de las escrituras tenga la bondad de leer 1a Cor. 15:1-5, pablo dice aquí que el Cristo original murió y resucito conforme a las escrituras, el cristo que resucita el domingo , no es el cristo de las escrituras,y El apostol Pablo escribio que si no creemos como dicen las Escrituras, hemos creido en vano.
El Cristo verdadero estuvo 3 días y 3 noches en el sepulcro (tema aparte)
El Cristo enviado por Dios nos ordeno recordar su muerte 1a Cor.11:25, pero en que tiempo debería acontecer esto? , si usted lee Éxodo Cap. 12:1- lea todo el capitulo, y ahí encontrara que el cordero era sacrificado el día 14 entre las dos tardes (aprox. 3 de la tarde como cuando Jesús murió) de las tres de la tarde en delante lo prepararon y untaron la sangre del cordero en los dinteles de las puertas por que esa noche que siguió del día 14 y que ya era la noche del 15 de nisan comieron el cordero ( recuerde que el tiempo de Dios es de tarde a tarde), el ángel de la muerte bajo a matar a todo primogénito de Egipto y al amanecer Israel salio libre de la esclavitud en Egipto después de haber estado 430 años de esclavos , así que el dia 15 de nisan se convirtió en la pascua de Jehová se convirtió en el gran día del sábado, Juan 19:31 la mayoría han confundido esta escritura creyendo que este sábado era el sábado semanal, no era el sábado semanal era el 15 de nisan la celebración de la salida de Egipto.
En éxodo 12 vemos como El Eterno establece un calendario a su pueblo Israel pues les señala el tiempo, y sin ahondar mucho por falta de tiempo y espacio le diremos que el calendario de Dios establecido a Israel fue un calendario lunar , de luna nueva a luna nueva eran los meses, así que Israel tenia que estar atento para saber cuando empezaba el año establecido por El eterno Dios Gen. 1:14 y a grandes rasgos, era de esta manera, calculaban el día ¨ Cero¨ a partir de la luna nueva mas cercana al inicio de la primavera, pues el tiempo de Dios inicia en primavera, no en invierno como hoy lo hacemos, al día sig. de la luna nueva se empezaba a contar el día primero de nisan y el día 10 se apartaba el corderito que seria crucificado el día 14 entre las 2 tardes, Jesucristo durante su vida terrenal siempre celebro la pascua que el mismo estableció, pues recuerde que el Jehová del antiguo testamento es el Jesucristo del nuevo, pero que sucedió en el tiempo que Jesús muere, siendo El , el cordero que quita el pecado del mundo? si el muere a las 3 de la tarde del 14 de nisan,es obvio que ya no come el el cordero la noche del 15 pues para ese tiempo el ya estaba en el sepulcro,, el mismo establece esto, la tarde del 13 de nisan se reúne con los discípulos y al caer la noche 14 de nisan come el cordero su ultima cena pascual y establece el memorial de su muerte, después de esto va a orar a getsemani , es aprendido, llevado de Herodes a Pilatos a las 9 de la mañana es crucificado y muere a las 3 de la tarde de ese día 14 de nisan, un estudio cuidadoso de Juan cap. 13, nos enseña la sig. secuencia, come el cordero con sus discípulos (celebra la pascua judia el 14 de nisan o abib) se levanta de la mesa lava los pies a ellos, vuelve a la mesa y establece el memorial de su muerte, por esto los Hnos. de la Iglesia de Dios del 4o. Mandamiento seguimos este orden, el día 13 del calendario de Dios nos reunimos la tarde del 13, para empezar el 14, lavamos nuestros pies, pues los que estamos lavados, no necesitamos si no que sean lavados nuestros pies, Juan 13:10 después participamos de los emblemas sagrados el pan azimo hecho de harina integral sin levadura (no usamos galletas) y jugo de uva pura sin fermentar, pues no debe haber nada leudado, lavamos primero los pies que es el símbolo de que ratificamos el pacto con Jesucristo el día que fuimos bautizados en el nombre de Jesucristo y después lo que ya narramos, SOLO PUEDE PARTICIPAR PUEBLO QUE QUIERA ESFORZARSE DILIGENTEMENTE EN SER MEJOR CADA DIA, Y HABER SIDO JUSTIFICADO (bautizado) EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO, SI PARTICIPA SIN LA INTENCION DE ESFORZARSE, COME Y BEBE INDIGNAMENTE, hagamos conciencia de esto.
Ahondamos un poco mas: Al leer con atencion Juan cap. 13 vemos que Jesus celebra la Pascua con sus discipulos, come el cordero, se levanta de la mesa, se ciñe la toalla, lava los pies a los discipulos, regresa a la mesa y despues de esto parte el pan y bebe el jugo de uva y establece el memorial de su muerte ,no lava los pies antes de comer al cordero si no despues de comer el cordero,(y acabada la cena, Juan 13:2) y despues establece el memorial de su muerte,lava los pies y come y bebe los emblemas (Juan 13, 1ª.Cor. 11:23-26) por eso nosotros como Iglesia de Dios del 4to. Mandamiento en el memorial, lavamos primero nuestros pies y luego participamos de los Emblemas Santos
Si lee Juan 6:45-59 y ora a Dios para que por medio de Su Espíritu Santo le de entendimiento, vera que es necesario lavar los pies (Juan 13:8) y comer aquel pan y beber aquella copa por que si no lo hace no hay vida eterna, discierna esto y no permita que nada mas le muestren los emblemas sin participar literal y espiritualmente.
Como pueblo de El Eterno nos reuniremos el dia 28 de Marzol del 2010 por la tarde (13 de nisan esta es la fecha anual para el pueblo de Dios,al terminar el dia 13 automaticamente es 14 de nisan o abib pues al caer el sol ya es otro dia.) para agradecer a Dios por el sacrificio que Jesucristo hizo en nuestro favor, el tenia que morir pues sin derramamiento de sangre no hay perdon de pecados Heb. 9:22, si le dicen que la muerte de Jesús no fue vicaria, o que el murió por que quiso, y que nos podía salvar sin morir , no creas es mentira, Jesucristo tenia que morir y derramar su sangre por ti y por mi. USTED ES SALVO POR LA MUERTE DE JESUCRISTO..?, LE INVITAMOS A QUE CONSIDERE ESTO SE ARREPIENTA Y SEA BAUTIZADO CON ENTENDIMIENTO EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO, Hech. 2:38
JESUCRISTO ES EL NOMBRE, PUES ESCRITO ESTA: A ESTE DAN TESTIMONIO TODOS LOS PROFETAS, DE QUE TODOS LOS QUE EN EL CREYEREN, RECIBIRAN PERDON DE PECADOS POR SU NOMBRE. Hech. 10:43
Que seamos de Bendición.. hno. Medrano ORE POR SU IGLESIA ALREDEDOR DEL MUNDO...Y POR MI
Este 2010 la primavera inicia como siempre aprox el 21 de marzo, la luna nueva mas cercana a esta fecha es el dia 15 de marzo el dia 16 de marzo es 1 de Nisan 5770 y si cuenta hasta el dia 13 de Nisan es domingo 28 de Marzo, al meterse el sol del dia 28 de marzo del 2010 ya es 14 de Nisan que es cuando celebramos el memorial de la muerte de Nstro. Sr. Jesucristo, espero se comprenda, Paz a Vosotros.

CUATRO CARACTERISTICAS DEL PUEBLO DE DIOS
CUATRO CARACTERISTICAS DEL PUEBLO DE DIOS

PAZ A VOSOTROS:

SEGUN ISAIAS 56:6 QUE A LA LETRA DICE: Y á los hijos de los extranjeros que se allegaren á Jehová para ministrarle, y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos: á todos los que guardaren el sábado de profanarlo, y abrazaren mi pacto, Yo los llevaré al monte de mi santidad.

 

ESTA ESCRITURA NOS DA LA CLAVE PARA SABER LAS CARACTERISTICAS DEL FUTURO Y VERDADERO  PUEBLO DE DIOS QUE SE ESTABA PROFETIZANDO AQUI POR EL SIERVO ISAIAS Y QUE SE IDENTIFICARIA AL FIN DE LOS TIEMPOS POR SER EL PUEBLO ESPECIAL, CUAL FUE ISRAEL EN EL PASADO.

 

1.-ANTES SOLO LOS LEVITAS PODIAN SER SUS MINISTROS Y SOLO DE LA DESCENDENCIA DE AARON, AHORA LOS GENTILES QUE YA NO SOMOS. PODEMOS SER SUS MINISTROS  (Y á los hijos de los extranjeros que se allegaren á Jehová para ministrarle, ahora los que eramos extranjeros podemos ministrar , antes no.).

 

2.-ES EL PUEBLO QUE CONOCE SU NOMBRE ( y que amaren el nombre de Jehová para ser sus siervos) Y AMA SU NOMBRE  (Isaias 52:6) POR ESO BAUTIZAMOS EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO, (Hechos 2:38) 

 

3.- NOS ESFORZAMOS EN OBEDECER SU SANTA LEY, INCLUIDO EL SABADO, EL CUARTO MANDAMIENTO, (Exodo 20.8)  MANDAMIENTO QUE LA MAYORIA DEL PUEBLO CRISTIANO DESPRECIA, ( á todos los que guardaren el sábado de profanarlo) NO NOS ESFORZAMOS EN OBEDECER SUS MANDAMIENTOS PARA SER SALVOS, NOS ESFORZAMOS POR QUE YA SOMOS SALVOS.

 

4.- HEMOS ABRAZADO SU PACTO EL NUEVO PACTO QUE ES RATIFICADO POR LA SANGRE DE JESUCRISTO, Y SE PACTA EN EL MOMENTO DEL BAUTISMO, SIENDO ESE MOMENTO SOLEMNE EN QUE SE APLICA LA SANGRE DE JESUCRISTO PARA PERDON DE  NUESTROS PECADOS. ( y abrazaren mi pacto)

PUES NO HAY REMISION SIN DERRAMAMIENTO DE SANGRE. (Heb. 9:22)

SIN BAUTISMO NO HAY SALVACION, TOME EN CUENTA ESTO, PUES EL BAUTISMO ES EL MOMENTO DEL PACTO, Y SI NO HAY PACTO NO HAY SALVACION.

 

ES UN COMENTARIO BREVE SOBRE ESTAS 4 CARACTERISTICAS DEL VERDADERO PUEBLO DE DIOS, PUES HAY CRISTIANISMO QUE BAUTIZA EN EL NOMBRE DE JESUS, PERO RECHAZA SU SABADO, Y HAY QUIEN ACEPTA EL SABADO PERO RECHAZA EL BAUTISMO EN EL NOMBRE, HAY OTROS QUE DICEN QUE NO ES NECESARIO EL BAUTISMO Y ASI RECHAZAN HACER EL PACTO.

SOLO EL VERDADERO PUEBLO DE DIOS TIENE LAS CARACTERISTICAS ANTERIORES, ESPERO SEA DE BENDICION ESTE BREVE COMENTARIO, PAZ Y EL ETERNO YHWH LES GUARDE Y  BENDIGA.





La Creación y el Sábado

"Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca. . . . Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió." "El fundó la tierra sobre sus bases; no será jamás removida." (Sal 33: 6, 9; 104: 5)
Cuando salió de las manos del Creador, la tierra era sumamente hermosa. La superficie presentaba un aspecto multiforme, con montañas, colinas y llanuras, entrelazadas con magníficos ríos y bellos lagos. Las agudas y ásperas cúspides de la rocosa armazón de la tierra estaban sepultadas bajo un suelo fértil, que producía por doquiera una frondosa vegetación verde. Agraciados arbustos y delicadas flores saludaban la vista por dondequiera. Las alturas estaban coronadas con árboles aun más imponentes que los que existen ahora. El aire, limpio de impuros miasmas, era claro y saludable. El paisaje sobrepujaba en hermosura los adornados jardines del más suntuoso palacio de la actualidad. La hueste angélica presenció la escena con deleite, y se regocijó en las maravillosas obras de Dios.
Una vez creada la tierra con su abundante vida vegetal y animal, fue introducido en el escenario el hombre, corona de la creación para quien la hermosa tierra había sido aparejada. A él se le dio dominio sobre todo lo que sus ojos pudiesen mirar; pues, "dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree... en toda la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, varón y hembra los creó."
La creación estaba ahora completa. "Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento." "Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera." (Gén. 2: 1; 1: 31.)
El gran Jehová había puesto los fundamentos de la tierra; había vestido a todo el mundo con un manto de belleza, y había colmado el mundo de cosas útiles para el hombre; había creado todas las maravillas de la tierra y del mar. La gran obra de la creación fue realizada en seis días.
"Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios creado y hecho." (Gén. 2: 2, 3) Dios miró con satisfacción la obra de sus manos. Todo era perfecto, digno de su divino Autor; y él descansó, no como quien estuviera fatigado, sino satisfecho con los frutos de su sabiduría y bondad y con las manifestaciones de su gloria.

Después de descansar el séptimo día, Dios lo santificó; es decir, lo escogió y apartó como día de descanso para el hombre. Siguiendo el ejemplo del Creador, el hombre había de reposar durante este sagrado día, para que, mientras contemplara los cielos y la tierra, pudiese reflexionar sobre la grandiosa obra de la creación de Dios; y para que, mientras mirara las evidencias de la sabiduría y bondad de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador.
Al bendecir el séptimo día en el Edén, Dios estableció un recordativo de su obra creadora. El Sábado fue confiado y entregado a Adán, padre y representante de toda la familia humana. Su observancia había de ser un acto de agradecido reconocimiento de parte de todos los que habitasen la tierra, de que Dios era su Creador y su legítimo soberano, de que ellos eran la obra de sus manos y los súbditos de su autoridad.
De esa manera la institución delSábado era enteramente conmemorativa, y fue dada para toda la humanidad. No había nada en ella que fuese oscuro o que limitase su observancia a un solo pueblo.

Dios vio que el Sábado era esencial para el hombre, aun en el paraíso. Necesitaba dejar a un lado sus propios intereses y actividades durante un día de cada siete para poder contemplar más de lleno las obras de Dios y meditar en su poder y bondad. Necesitaba el Sábado para que le recordase más vivamente la existencia de Dios, y para que despertase su gratitud hacia él, pues todo lo que disfrutaba y poseía procedía de la mano benéfica del Creador.
Dios quiere que el Sábado dirija la mente de los hombres hacia la contemplación de las obras que él creó. La naturaleza habla a sus sentidos, declarándoles que hay un Dios viviente, Creador y supremo Soberano del universo. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y la expansión denuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra al otro día, y una noche a la otra noche declara sabiduría." (Sal. 19: 1, 2.) La belleza que cubre la tierra es una demostración del amor de Dios. La podemos contemplar en las colinas eternas, en los corpulentos árboles, en los capullos que se abren y en las delicadas flores. Todas estas cosas nos hablan de Dios. El Sábado, señalando siempre hacia el que lo creó todo, manda a los hombres que abran el gran libro de la naturaleza y escudriñen allí la sabiduría, el poder y el amor del Creador.
La Semana Literal
Cuando se crearon el sol y la luna fue escrito en la Biblia: "Y sirvan como signos para las estaciones, los días y los años" (Génesis 1:14). "Eres el que constituyó la luna para fijar los tiempos" (Salmos 104:19). El sol y la luna son el parámetro para dividir los días, semanas y meses del año.
¿Sabías que no existe explicación histórica o astronómica para la existencia de la Semana de siete días fuera del relato de la creación en Génesis?
Tomemos una prueba de astronomía juntos. Veamos cómo está nuestro conocimiento científico: En nuestro sistema solar, ¿qué da una vuelta cada 24 horas? ;La tierra da una vuelta sobre su eje lo que constituye el día (24 horas) y a este movimiento de la tierra se le conoce como "rotación"

¿Por qué el mes tiene 30 días? surge con el ciclo de fase de la luna. El mes sinódico es el periodo de tiempo que transcurre entre dos mismas fases consecutivas de la Luna, siendo su duración aproximada de 29,53 días. La causa de las fases de la Luna es que vemos la parte de la Luna que se ilumina por el Sol y ello depende de su posición relativa respecto al Sol (vista desde la Tierra). Y es por esta razón que el mes tiene 30 días.
¿Por qué el año tiene 365 días? Por el movimiento de traslación, la Tierra se mueve alrededor del Sol, impulsada por la gravitación, en 365 días, 5 horas y 57 minutos, equivalente a 365,2422 días, que es la duración del año.

¿Por que la semana tiene 7 días? , En nuestra memoria científica podemos recordar que ciclo dura 7 días. Debe haber algo ya que todas las otras medidas naturales del tiempo dependen de algún ciclo astronómico. ¿Qué da vuelta cada siete días? La respuesta es: nada. La semana de siete días contrario al día, el mes y el año- no está relacionada a un ciclo astronómico. ¿Entonces de dónde vino?
Vamos ahora a un historiador evolucionista para ver si podemos encontrar la respuesta él es Anthony Aveni, Profesor de Astronomía y Antropología en la Universidad Colgate en Nueva York, y es el autor del libro, Imperios del Tiempo: "La palabra génesis significa origen.
"Nuestro génesis científico moderno comenzó hace más de diez mil millones de años en una explosión colosal de la cual han salido todos los eventos y las cosas." ¿Cómo obtuvimos la semana? "Cualquier página de un calendario revelará otra subdivisión a las unidades de tiempo que el mundo occidental ha creado: siete divisiones verticales con bloques enumerados, cada columna con su nombre. Las cuatro o cinco divisiones horizontales, llamadas semanas, en las que agrupamos los días de la luna constituyen una división de tiempo peculiar.
No hay ningún cuerpo celeste como el sol o la luna, no hay ningún ciclo natural obvio al que podamos atribuir directamente ese pequeño paquete de tiempo. Es más, muchas otras culturas y tradiciones también marcan un intervalo de aproximadamente la misma duración en sus calendarios."
En esencia, lo que el Dr. Aveni dice es, No podemos explicar cómo obtuvimos la semana o porque casi todas las culturas de la tierra tienen la misma unidad de tiempo. Pero hay algo muy fascinante acerca de la semana, Avenue continúa:
"Después del día, la semana... es una de las unidades de tiempo más reconocible y comúnmente usada y también una de las más convenientes... Algunos biólogos creen que la semana es auto-determinada. El bioritmo de siete días en el cuerpo humano es uno de los descubrimientos recientes de la cronología moderna.
Se manifiesta en forma de pequeñas variaciones en la presión y en el latido del corazón, así también como respuesta a la infección y aún el trasplante de órganos: por ejemplo, la probabilidad de rechazo de ciertos órganos ahora se sabe que aumenta a intervalos semanales después de un implante."
¡Qué fascinante! Nuestros cuerpos misteriosamente tienen un ciclo de siete días.¡Pero no sólo nosotros! "No somos únicos en este ritmo: inclusive organismos simples, hasta la bacteria y animales unicelulares, parecen compartirlo con nosotros. Hay, por ejemplo, un ritmo de siete días en una especie de alga cuya configuración se asemeja a una copa de champán. Este organismo puede ser entrenado a reducir su crecimiento solamente cuando es expuesto a un período de siete días- ni más, ni menos, que alterna entre luz y oscuridad."
Incontables hombres de ciencia no aciertan en hallar explicación de como este pequeño grupo de tiempo (la semana) llego a ponerse en práctica en todas las culturas durante lo largo de la historia pero la infalible palabra de Dios tiene respuesta; en el libro de Génesis se escribió:
Vamos, pues, descendamos y confundamos allí su lenguaje, para que nadie entienda lo que dice su compañero."(Génesis 11:7)
Este versículo indica que los edificadores de Babel fueron esparcidos ampliamente, con el resultado de que poco después podían encontrarse representantes de la familia humana por casi todo el mundo. Esparciendo por todo el planeta tierra la idea original de Dios; la semana de siete días.
Evidencias procedentes de muchos países testifican de la presencia en ellos, de seres humanos, dentro de un tiempo comparativamente corto después del diluvio. Los descubrimientos arqueológicos señalan el valle de la Mesopotámica como la primera región que desarrolló una civilización diferente. Civilizaciones similares pronto surgieron en Egipto, Palestina, Siria, Anatolia, la India, la China y en el resto del mundo. Todas las evidencias disponibles confirman las concisas palabras de las Sagradas Escrituras: "Los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra".
Las historias del tiempo que se pueden leer documentarán variaciones en la longitud de la semana de tiempo a tiempo a través de la historia. Los griegos experimentaron con una semana de diez días (década). Los romanos usaron una semana de ocho días. La Convención Revolucionaria Francesa durante la Revolución francesa decretó una semana de diez días al intentar re-escribir la historia y re-inventar el tiempo con un sistema decimal- esto fue abandonado cuando Napoleón subió al poder.
La Unión Soviética experimentó con la semana en este siglo- en 1929 usaron una semana de cinco días, en 1932 la semana de seis días- pero para 1940 volvieron a la semana de siete días. ¿De dónde vino este "pequeño paquete de tiempo," la semana de siete días? la evidencia más concluyente que tenemos en la historia, la filosofía y la ciencia para el establecimiento de nuestra semana global de siete días es el antiguo relato hebreo de la creación del mundo. Lo cual lleva a afirmar que la semana de siete días y el séptimo día Sábado son evidencias convincentes que la teoría de la creación es en realidad la teoría verdadera sobre los orígenes de la vida humana! La ciencia no puede explicar la semana de siete días.
Y la historia declara que el registro más consistente de nuestra semana de siete días se encuentra en el antiguo relato hebreo de la creación.
Esto significa que cada vez que se mire un calendario se puede saber que un Dios creador y de amistad nos ha formado- para que puedas disfrutar de una amistad con él!
"Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios creado y hecho" (Génesis 2:1-3).
¿Por qué hacéis reposar al pueblo?
"Murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación. Pero los hijos de Israel fueron fecundos y se hicieron muy numerosos; se multiplicaron y llegaron a ser muy poderosos. Y la tierra estaba llena de ellos.
Después se levantó un nuevo rey en Egipto que no había conocido a José, el cual dijo a su pueblo: "He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros. Procedamos astutamente con él para que no se multiplique; no suceda que, en caso de guerra, también se una a nuestros enemigos, luche contra nosotros y se vaya del país."
Entonces les impusieron jefes de tributo laboral que los oprimiesen con sus cargas, y edificaron para el faraón las ciudades almacenes de Pitón y Ramesés.
Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y se propagaban, de manera que los egipcios se alarmaron a causa de los hijos de Israel.
Entonces los egipcios los hicieron trabajar con dureza, y amargaron sus vidas con el pesado trabajo de hacer barro y adobes, aparte de todo trabajo en el campo; y en todos los tipos de trabajo les trataban con dureza." (Exo 1:6-14)
Con el correr del tiempo, el gran hombre a quien Egipto debía tanto, y la generación bendecida por su obra, descendieron al sepulcro. Y "levantóse entretanto un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía a José." No era que ignorase los servicios prestados por José a la nación; pero no quiso reconocerlos, y hasta donde le fue posible, trató de enterrarlos en el olvido.
"El cual dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros: ahora, pues, seamos sabios para no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se junte con nuestros enemigos, y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra."
Pero el momento de su liberación se estaba acercando y Moisés era el hombre que Dios usaría para llevar a cabo esa tarea.
"Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón; escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba la remuneración." (Heb. 11: 24-26.)
Dios escogió a Moisés Para cumplir su propósito. En su providencia el Señor lo puso en el seno de la familia real de Egipto donde recibió una educación cabal; no obstante, no estaba preparado todavía para que Dios le confiara la gran tarea para la cual lo había llamado. No podía dejar abruptamente la corte del rey ni las comodidades que se le habían otorgado como nieto del monarca para llevar a cabo la tarea especial que el Señor le había asignado. Debía tener oportunidad de adquirir experiencia en la escuela de la adversidad y de la pobreza, y ser educado en ella.
Mientras vivía en el exilio el Señor envió a sus ángeles para que lo instruyeran especialmente con respecto al futuro. Allí aprendió más plenamente las grandes lecciones del dominio propio y la humildad. Pastoreó las manadas de Jetro, y mientras llevaba a cabo sus humildes deberes como pastor, el Señor lo estaba preparando para que se convirtiera en el pastor espiritual de sus ovejas, es a saber, el pueblo de Israel.
Mientras Moisés conducía su manada por el desierto y se aproximaba al monte de Dios, es decir, a Horeb, "se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza". "Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, que fluye leche y miel. . . ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel".
Había llegado el momento cuando Dios trocaría el báculo del pastor por la vara de Dios, a la cual haría poderosa para el cumplimiento de señales y maravillas, para librar a su pueblo de la opresión y para preservarlos cuando fuesen perseguidos por sus enemigos.
Moisés aceptó llevar a cabo la misión. Primero visitó a su suegro con el fin de obtener su consentimiento para regresar con su familia a Egipto. No se atrevió a compartir con Jetro el mensaje que tenía para Faraón, por temor a que no estuviera dispuesto a permitir que su esposa y sus hijos lo acompañaran en una misión tan peligrosa. El Señor lo fortaleció y disipó sus temores al decirle: "Ve y vuélvete a Egipto, porque han muerto todos los que procuraban tu muerte".
Llegó el momento cuando el Señor iba a responder las oraciones de su pueblo oprimido, para sacarlo de Egipto con un despliegue tan grande de su poder, que los egipcios se verían obligados a reconocer que el Dios de los hebreos, a quien habían despreciado, era superior a todos los dioses.
Los castigaría además por su idolatría y por sus orgullosas baladronadas acerca de las bendiciones que habrían derramado sobre ellos sus dioses inertes.
El Señor iba a glorificar su nombre para que otras naciones pudieran oír algo acerca de su poder y temblaran ante lo extraordinario de sus acciones, y para que su pueblo, al presenciar sus obras milagrosas, se apartara definitivamente de la idolatría y le rindiera un culto sin mácula.
Moisés declaró a Faraón: Jehová, el Dios de Israel, dice así: "Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto... Permite que vayamos al desierto, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehová nuestro Dios, no sea que nos castigue con peste o con espada... Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas. (Ex 5:1,3,4).
Ya el rey había oído hablar de ellos y del interés que estaban despertando entre el pueblo. Ya el reino había sufrido una gran pérdida debido a la intervención de estos forasteros. Al pensar en ello, añadió: "He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos."
En su servidumbre los israelitas habían perdido hasta cierto punto el conocimiento de la ley de Dios, y se habían apartado de sus preceptos. El sábado había sido despreciado por la generalidad, y las exigencias de los "comisarios de tributos" habían hecho imposible su observancia. Pero Moisés había mostrado a su pueblo que la obediencia a Dios era la primera condición para su liberación; y los esfuerzos hechos para restaurar la observancia del Sábado habían llegado a los oídos de sus opresores.
De estos hechos podemos deducir que el Sábado fue una de las cosas en que Israel no podía servir al Señor en Egipto; y cuando Moisés y Aarón llegaron con el mensaje de Dios trataron de hacer una reforma, lo cual sólo sirvió para aumentar la opresión. Los Israelitas fueron libertados para que pudieran observar los estatutos del Señor, inclusive, naturalmente, el cuarto mandamiento, y esto les imponía la obligación de observar tanto más estrictamente el Sábado, así como la de guardar todos los mandamientos.
En Deut. 24: 17, 18, se menciona su liberación y salida de Egipto como algo que los obligaba en forma especial a manifestar bondad hacia la viuda y los huérfanos. "No torcerás el derecho del peregrino y del huérfano; ni tomarás por prenda la ropa de la viuda: mas acuérdate que fuiste siervo en Egipto, y de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto."

¿Qué es esto?


Y al amanecer había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, he aquí que sobre la superficie del desierto había una sustancia menuda, escamosa y fina como la escarcha sobre la tierra. Al verla, los hijos de Israel se preguntaron unos a otros:
¿Qué es esto?
Pues no sabían lo que era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.(Ex.16:13-15) "Y era como simiente de culantro, blanco." El pueblo lo llamó maná..." El pueblo recogió el maná, y encontraron que había abundante provisión para todos. "Molían en molinos, o majaban en morteros, y lo cocían en caldera, o hacían de él tortas;" y era "su sabor como de hojuelas con miel. " (Núm. 11: 8.) Se les ordenó recoger diariamente un gomer para cada persona; y de él no habían de dejar nada para el otro día. Algunos trataron de guardar una provisión para el día siguiente, pero hallaron entonces que ya no era bueno para comer. La provisión para el día debía juntarse por la mañana; pues todo lo que permanecía en el suelo era derretido por el sol.

Al recoger el maná, algunos llevaban más y otros menos de la cantidad indicada; pero "medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco.
Al sexto día el pueblo recogió dos gomeres por persona. Los jefes inmediatamente hicieron saber a Moisés lo que había pasado. Su contestación fue: "Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo Sábado, el reposo de Jehová: lo que hubierais de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubierais de cocinar, cocinadlo; y todo lo que es sobrare, guardadlo para mañana." Así lo hicieron, y vieron que no se echó a perder. Y Moisés dijo: "Comedlo hoy, porque hoy es Sábado de Jehová: hoy no hallaréis en el campo. En los seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es Sábado, en el cual no se hallará.

Dios requiere que hoy su Santo D ía se observe tan sagradamente como en el tiempo de Israel. El mandamiento que se dio a los hebreos debe ser considerado por todos los cristianos como una orden de parte de Dios para ellos. El día anterior al Sábado debe ser un día de preparación a fin de que todo esté listo para sus horas sagradas.
Cada semana, durante su largo peregrinaje en el desierto, los israelitas presenciaron un triple milagro que debía inculcarles la santidad del Sábado: cada sexto día caía doble cantidad de maná, nada caía el día séptimo, y la porción necesaria para el sábado se conservaba dulce sin descomponerse, mientras que si se guardaba los otros días, se descomponía.

En las circunstancias relacionadas con el envío del maná, tenemos evidencia conclusiva de que el sábado no fue instituido, como muchos alegan, cuando la ley se dio en el Sinaí. Antes de que los israelitas llegaran al Sinaí, comprendían perfectamente que tenían la obligación de guardar el Sábado. Al tener que recoger cada viernes doble porción de maná en preparación para el Sábado, día en que no caía, la naturaleza sagrada del día de descanso les era recordada de continuo. Y cuando parte del pueblo salió en Sábado a recoger maná, el Señor preguntó: "¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?"
"Acuérdate del día del sábado"
Poco tiempo después de acampar junto al Sinaí, se le indicó a Moisés que subiera al monte a encontrarse con Dios. Trepó solo el escabroso y empinado sendero, y llegó cerca de la nube que señalaba el lugar donde estaba Jehová. El mensaje que se le dio a Moisés para el pueblo fue el siguiente: "Vosotros visteis lo que hice a los Egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa." (Véase Éxodo 19-25)

Moisés regresó al campamento, y reuniendo a los ancianos de Israel, les repitió el mensaje divino. Nuevamente el caudillo ascendió a la montaña; y el Señor le dijo: "He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.

A la mañana del tercer día, cuando los ojos de todo el pueblo estaban vueltos hacia el monte, la cúspide se cubrió de una espesa nube que se fue tornando más negra y más densa, y descendió lista que toda la montaña quedó envuelta en tinieblas y en pavoroso misterio.
Entonces se escuchó un sonido como de trompeta, que llamaba al pueblo a encontrarse con Dios; y Moisés los condujo hasta el pie del monte. De la espesa oscuridad surgían vividos relámpagos, mientras el fragor de los truenos retumbaba en las alturas circundantes. "Y todo el monte de Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego: y el humo de él subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremeció en gran manera." "Y el parecer de la gloria de Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte," ante los ojos de la multitud allí congregada. "Y el sonido de la bocina iba esforzándose en extremo." Tan terribles eran las señales de la presencia de Jehová que las huestes de Israel temblaron de miedo, y cayeron sobre sus rostros ante el Señor. Aún Moisés exclamó: "Estoy asombrado y temblando" (Heb. 12: 21.)
Jehová se reveló, no sólo en su tremenda majestad como juez y legislador, sino también como compasivo guardián de su pueblo: "Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos." Aquel a quien ya conocían como su guía y libertador, quien los había sacado de Egipto, abriéndoles un camino en la mar, derrotando a Faraón y a sus huestes, quien había demostrado que estaba por sobre los dioses de Egipto, era el que ahora proclamaba su ley.
Son diez preceptos, breves, abarcantes, y autorizados, que incluyen los deberes del hombre hacia Dios y hacia sus semejantes; y todos se basan en el gran principio fundamental del amor. "Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo." (Luc. 10: 27; véase también Deut. 6:4, 5; Lev. 19: 18.) En los diez mandamientos estos principios se expresan en detalle, y se presentan en forma aplicable a la condición y circunstancias del hombre.
"No tendrás otros dioses delante de mí."
"No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni rendirás culto."
"No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios: porque no dejará el Señor sin castigo al que tomare en vano el nombre del Señor Dios suyo."

"Acuérdate de santificar el día de Sábado. Los seis días trabajarás, y harás todas tus labores: mas el día séptimo es Sábado, o fiesta del Señor Dios tuyo. Ningún trabajo harás en él, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu criado, ni tu criada, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas o poblaciones. Por cuanto el Señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó en el día séptimo: por esto bendijo el Señor el día S ábado, y le santificó."

Aquí no se presenta el sábado como una institución nueva, sino como establecido en el tiempo de la creación del mundo. Hay que recordar y observar el Sábado como monumento de la obra del Creador. Al señalar a Dios como el Hacedor de los cielos y de la tierra, el Sábado distingue al verdadero Dios de todos los falsos dioses. Todos los que guardan el séptimo día demuestran al hacerlo que son adoradores de Jehová. Así el Sábado será la señal de lealtad del hombre hacia Dios mientras haya en la tierra quien le sirva.

El cuarto mandamiento es, entre todos los diez, el único que contiene tanto el nombre como el título del Legislador. Es el único que establece por autoridad de quién se dio la ley. Así, contiene el sello de Dios, puesto en su ley como prueba de su autenticidad y de su vigencia.

Dios ha dado a los hombres seis días en que trabajar, y requiere que su trabajo sea hecho durante esos seis días laborables. En el Sábado pueden hacerse las obras absolutamente necesarias y las de misericordia. A los enfermos y dolientes hay que cuidarlos todos los días, pero se ha de evitar rigurosamente toda labor innecesaria.

"Si retrajeras del Sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al Sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad." (Isa. 58: 13.)
No acaba aquí la prohibición. "Ni hablando tus palabras," dice el profeta.

Los que durante el Sábado hablan de negocios o hacen proyectos, son considerados por Dios como si realmente realizaran transacciones comerciales. Para santificar el Sábado, no debiéramos siquiera permitir que nuestros pensamientos se detengan en cosas de carácter mundanal. Y el mandamiento incluye a todos los que están dentro de nuestras puertas. Los habitantes de la casa deben dejar sus negocios terrenales durante las horas sagradas. Todos debieran estar unidos para honrar a Dios y servirle voluntariamente en su santo día.
El Sábado en el Nuevo Testamento
"Y hay en Jerusalén un estanque, que en hebraico es llamado Betesda, En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua." En ciertos momentos, se agitaban las aguas de este estanque; y se creía que ello se debía a un poder sobrenatural, y que el primero que en ellas entrara después que fuesen agitadas sanaba de cualquier enfermedad que tuviese. Jesús estaba otra vez en Jerusalén. Andando solo, en aparente meditación y oración, llegó al estanque. Vio a los pobres dolientes esperando lo que suponían ser su única oportunidad de sanar. Anhelaba ejercer su poder curativo y devolver la salud a todos los que sufrían. Pero era S ábado. Multitudes iban al templo para adorar, y él sabía que un acto de curación como éste excitaría de tal manera el prejuicio de los judíos que abreviaría su obra.

Pero el Salvador vio un caso de miseria suprema. Era el de un hombre que había estado imposibilitado durante treinta y ocho años. Su enfermedad era en gran parte resultado de su propio pecado y considerada como juicio de Dios. Solo y sin amigos, sintiéndose privado de la misericordia de Dios, el enfermo había sufrido largos años. Había visto agitarse el agua, pero nunca había podido llegar más cerca que la orilla del estanque. Otros más fuertes que él se sumergían antes. No podía contender con éxito con la muchedumbre egoísta y arrolladora. Sus esfuerzos perseverantes hacia su único objeto, y su ansiedad y continua desilusión, estaban agotando rápidamente el resto de su fuerza.
El enfermo estaba acostado en su estera, y levantaba ocasionalmente la cabeza para mirar al estanque, cuando un rostro tierno y compasivo se inclinó sobre él, y atrajeron su atención las palabras: "¿Quieres ser sano?" La esperanza renació en su corazón. Sintió que de algún modo iba a recibir ayuda. Pero el calor del estímulo no tardó en desvanecerse. Se acordó de cuántas veces había tratado de alcanzar el estanque y ahora tenía pocas perspectivas de vivir hasta que fuese nuevamente agitado. Volvió la cabeza , cansado, diciendo: "Señor,. . . no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuere revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido."
Jesús le dice: "Levántate, toma tu lecho, y anda." La fe del hombre se aferra a esa palabra. En cada nervio y músculo pulsa una nueva vida, y se transmite a sus miembros inválidos una actividad sana. Sin la menor duda, dedica su voluntad a obedecer a la orden de Cristo, y todos sus músculos le responden. De un salto se pone de pie, y encuentra que es un hombre activo.

El paralítico sanado se agachó para recoger su cama, que era tan sólo una estera y una manta, y al enderezarse de nuevo con una sensación de deleite, miró en derredor buscando a su libertador; pero Jesús se había perdido entre la muchedumbre. El hombre temía no conocerle en caso de volver a verlo. Mientras se iba apresuradamente con paso firme y libre, alabando a Dios y regocijándose en la fuerza que acababa de recobrar, se encontró con varios fariseos e inmediatamente les contó cómo había sido curado. Le sorprendió la frialdad con que escuchaban su historia.

Con frentes ceñudas, le interrumpieron, preguntándole por qué llevaba su cama en sábado. Le recordaron severamente que no era lícito llevar cargas en el día del Señor. En su gozo, el hombre se había olvidado de que era Sábado, y sin embargo no se sentía condenado por obedecer la orden de Aquel que tenía tanto poder de Dios. Contestó osadamente: "El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda." Le preguntaron quién había hecho esto; pero él no se lo podía decir. Esos gobernantes sabían muy bien que sólo uno se había demostrado capaz de realizar este milagro; pero deseaban una prueba directa de que era Jesús, a fin de poder condenarle como violador del Sábado. En su opinión, no sólo había quebrantado la ley sanando al enfermo en Sábado, sino que había cometido un sacrilegio al ordenarle que llevase su cama.
Los judíos habían pervertido de tal manera la ley, que hacían de ella un yugo esclavizador. Sus requerimientos sin sentido habían llegado a ser burla entre otras naciones. Y el Sábado estaba especialmente recargado de toda clase de restricciones sin sentido. No era para ellos una delicia, santo a Jehová y honorable. Los escribas y fariseos habían hecho de su observancia una carga intolerable. Un judío no podía encender fuego, ni siquiera una vela, en Sábado. Como consecuencia, el pueblo hacía cumplir por gentiles muchos servicios que sus reglas les prohibían hacer por su cuenta. No reflexionaban que si estos actos eran pecaminosos, los que empleaban a otros para realizarlos eran tan culpables como si los hiciesen ellos mismos.
Pensaban que la salvación se limitaba a los judíos; y que la condición de todos los demás, siendo ya desesperada, no podía empeorar. Pero Dios no ha dado mandamientos que no puedan ser acatados por todos. Sus leyes no sancionan ninguna restricción irracional o egoísta.
En el templo, Jesús se encontró con el hombre que había sido sanado. Había venido para traer una ofrenda por su pecado y de agradecimiento por la gran merced recibida. Hallándole entre los adoradores, Jesús se le dio a conocer, con estas palabras de amonestación: "He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor."
El hombre sanado quedó abrumado de regocijo al encontrar a su libertador. Como desconocía la enemistad que ellos sentían hacia Jesús, dijo a los fariseos que le habían interrogado, que ése era el que había realizado la curación. "Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en Sábado."
Jesús fue llevado ante el Sanedrín para responder a la acusación de haber violado el Sábado.
Jesús había venido para "magnificar la ley y engrandecerla." El no había de rebajar su dignidad, sino ensalzarla. La Escritura dice: "No se cansará, ni desmayará, hasta que ponga en la tierra juicio." Había venido para librar al Sábado de estos requerimientos gravosos que hacían de él una maldición en vez de una bendición. Por esta razón, había escogido el Sábado para realizar el acto de curación de Betesda. Podría haber sanado al enfermo en cualquier otro día de la semana; podría haberle sanado simplemente, sin pedirle que llevase su cama, pero esto no le habría dado la oportunidad que deseaba. Un propósito sabio motivaba cada acto de la vida de Cristo en la tierra. Todo lo que hacía era importante en sí mismo y por su enseñanza. Entre los afligidos del estanque, eligió el caso peor para el ejercicio de su poder sanador, y ordenó al hombre que llevase su cama a través de la ciudad a fin de publicar la gran obra que había sido realizada en él. Esto iba a levantar la cuestión de lo que era lícito hacer en Sábado, y prepararía el terreno para denunciar las restricciones de los judíos acerca del día del Señor y declarar nulas sus tradiciones. Jesús les declaró que la obra de aliviar a los afligidos estaba en armonía con la ley del Sábado. ¿Debía Dios prohibir al sol que realizase su oficio en Sábado, suspender sus agradables rayos para que no calentasen la tierra ni nutriesen la vegetación? ¿Debía el sistema de los mundos detenerse durante el día santo? ¿Debía ordenar a los arroyos que dejasen de regar los campos y los bosques, y pedir a las olas del mar que detuviesen su incesante flujo y reflujo? ¿Debían el trigo y la cebada dejar de crecer, y el racimo suspender su maduración purpúrea? ¿Debían los árboles y las flores dejar de crecer o abrirse en Sábado?
En tal caso, el hombre echaría de menos los frutos de la tierra y las bendiciones que hacen deseable la vida. La naturaleza debía continuar su curso invariable. Dios no podía detener su mano por un momento, o el hombre desmayaría y moriría. Y el hombre también tiene una obra que cumplir en Sábado: atender las necesidades de la vida, cuidar a los enfermos, proveer a los menesterosos. No será tenido por inocente quien descuide el alivio del sufrimiento ese día. El santo día de reposo de Dios fue hecho para el hombre, y las obras de misericordia están en perfecta armonía con su propósito. Dios no desea que sus criaturas sufran una hora de dolor que pueda ser aliviada en Sábado o cualquier otro día.
Lo que se demanda a Dios en Sábado es aún más que en los otros días. Sus hijos dejan entonces su ocupación corriente, y dedican su tiempo a la meditación y el culto. Le piden más favores el Sábado que los demás días. Requieren su atención especial. Anhelan sus bendiciones más selectas. Dios no espera que haya transcurrido el Sábado para otorgar lo que le han pedido. La obra del cielo no cesa nunca, y los hombres no debieran nunca descansar de hacer bien. El Sábado no está destinado a ser un período de inactividad inútil. La ley prohíbe el trabajo secular en el día de reposo del Señor; debe cesar el trabajo con el cual nos ganamos la vida; ninguna labor que tenga por fin el placer mundanal o el provecho es lícita en ese día; pero como Dios abandonó su trabajo de creación y descansó el Sábado y lo bendijo, el hombre ha de dejar las ocupaciones de su vida diaria, y consagrar esas horas sagradas al descanso sano, al culto y a las obras santas. La obra que hacía Cristo al sanar a los enfermos estaba en perfecta armonía con la ley. Honraba el Sábado.
El nuevo testamento tiene evidencias muy sobresalientes que Jesús en su ministerio en la tierra, ratifico el Sábado como un día separado para su adoración: En el evangelio de Lucas se registra contundentemente la actitud de Jesús en Sábado:
"Fue a Nazaret, donde se había criado, y conforme a su costumbre, el día Sábado entró en la sinagoga, y se levantó para leer".(Lucas 4:16)

La sencilla declaración de Lucas de que Jesús habitualmente asistía a los sagrados servicios en la sinagoga en el día Sábado, día que identifica específicamente como el séptimo de la semana, señala claramente cuál es el deber del cristiano que ama a su Maestro y quiere seguir en sus pisadas (Juan 14: 15).
El hecho de que Cristo guardara cuando estuvo en la tierra el mismo día que observaban los Judíos, muestra también que no se había perdido el orden de los días desde que se dio la ley en el Sinaí, ni desde la creación.
Cristo es "Señor aun del día de reposo" (Mar. 2: 28); es decir, él lo hizo (Gén. 2: 1-3; cf. Mar. 2: 27) lo reclama como suyo por lo tanto, su ejemplo al guardarlo es el modelo perfecto para el cristiano, no sólo en cuanto al tiempo sino también en cuanto a la manera de guardarlo. Desde ese tiempo hasta ahora ha habido millones de judíos esparcidos en todo el mundo civilizado, y habría sido imposible que todos ellos simultáneamente cometieran un error idéntico en el cómputo del séptimo día de la semana. En ocasión del sermón en el monte de las Olivas. En su contestación a la pregunta de sus discípulos ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?" Jesús revela algunos de los acontecimientos que precederían su segunda venida, inmediatamente después Jesús dice:
"Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en Sábado," (Mateo 24:20)
El que hizo el sábado no lo abolió clavándolo en su cruz. El Sábado no fue anulado por su muerte. Cuarenta años después de la resurrección de Jesús, el Sábado sería tan sagrado como lo había sido cuando Jesús habló estas palabras en la ladera del monte de los Olivos. El Señor no insinuó ningún cambio en la santidad del día, como muchos cristianos suponen ahora que ocurrió en el día de la resurrección. El tumulto, la excitación, el temor, y el viaje de huida no serían apropiados para el día de Sábado. Los cristianos habían de orar para que pudieran guardar el Sábado como día de descanso, así como Dios deseaba que se lo guardara. Cristo no abolió el Sábado cuando fue clavado en la cruz. Ese día no ha perdido nada de la santidad que en un principio Dios le concedió. Cuarenta años después había de ser considerado todavía sagrado. Durante cuarenta años, los discípulos debían orar por que su huida no fuese en Sábado.
En todo momento de su vida Jesús magnifico su ley, incluyendo el Sábado monumento de su creación; A un durante su muerte en la cruz proveyó evidencia de que el día de reposo es perpetuo.

Estando Jesús colgado en la cruz clamo "consumado es" y murió; Por fin Jesús descansaba. El largo día de oprobio y tortura había terminado. Al llegar el Sábado con los últimos rayos del sol poniente, el Hijo de Dios yacía en quietud en la tumba de José. Terminada su obra, con las manos cruzadas en paz, descansó durante las horas sagradas del Sábado.
Al principio, el Padre y el Hijo habían descansado el Sábado después de su obra de creación. Cuando "fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento," el Creador y todos los seres celestiales se regocijaron en la contemplación de la gloriosa escena. "Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios." Ahora Jesús descansaba de la obra de la redención; y aunque había pesar entre aquellos que le amaban en la tierra, había gozo en el cielo. La promesa de lo futuro era gloriosa a los ojos de los seres celestiales. Una creación restaurada, una raza redimida, que por haber vencido el pecado, nunca más podría caer, era lo que Dios y los ángeles veían como resultado de la obra concluida por Cristo. Con esta escena está para siempre vinculado el día en que Cristo descansó. Porque su "obra es perfecta;" y "todo lo que Dios hace, eso será perpetuo."* Cuando se produzca "la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas, que ha habido desde la antigüedad," el Sábado de la creación, el día en que Cristo descansó en la tumba de José, será todavía un día de reposo y regocijo. El cielo y la tierra se unirán en alabanza mientras que "de Sábado en Sábado," las naciones de los salvos adorarán con gozo a Dios y al Cordero.(Isaías 66:23)
Aún las mujeres piadosas que acompañaron a Jesús durante su crucifixión dieron un ejemplo convincente de la santidad del Sábado; mientras las sombras vespertinas iban cayendo, María Magdalena y las otras Marías permanecían al lado del lugar donde descansaba su Señor derramando lágrimas de pesar por la suerte de Aquel a quien amaban y Lucas declaro:
Las mujeres que habían venido con él de Galilea, también le siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto el cuerpo. Entonces regresaron y prepararon especias aromáticas y perfumes, y reposaron el Sábado, conforme al mandamiento.
Y el primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado. (Lucas 23:55,56; 24:1)
Adviértase que viendo estas mujeres piadosas la puesta del sol, en la tarde del día de preparación; dejaron todo a un el preparar con especies aromáticas el cuerpo de Cristo y reposaron conforme al mandamiento para retomar su quehacer el primer día.
Está claro la importancia del día de reposo Sábado durante el ministerio de Jesús, pues la escritura señala la manera como los discípulos de cristo lo santificaban; tal como también lo hizo Pablo más tarde en el extranjero según registra la Biblia
Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén. Pasando de Perge, ellos llegaron a Antioquía de Pisidia. Y en el día Sábado, habiendo entrado en la sinagoga, se sentaron.
Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles...Cuando ellos salían, los judíos y los gentiles les rogaron que el Sábado siguiente les hablasen de estos temas. Entonces una vez despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes les hablaban y les persuadían a perseverar fieles en la gracia de Dios... El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. (Hechos. 13: 13-15, 42-44).
Obsérvese que aun los nuevos creyentes "gentiles" rogaron a Pablo que el Sábado siguiente les hable de esas cosas
Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.
Y de mes en mes, y de día de Sábado en día de Sábado, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.( Isaías 66:22,23)
Conclusiones
El libro de Isaías. Llama al Sábado del Señor como "día santo". Bajo inspiración divina él escribió: "Si retraes del Sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas ‘delicia', ‘santo', ‘glorioso de Jehová', y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová. Yo te haré subir sobre las alturas de la tierra y te daré a comer la heredad de tu padre Jacob. La boca de Jehová lo ha hablado" (Isaías 58:13, 14). ¡Y, de hecho, unos capítulos más adelante, el profeta Isaías nos dice que en la Tierra Nueva los redimidos adorarán al Señor el día Sábado!"Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí', dice Jehová, ‘así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de Sábado en Sábado, vendrán todos a adorar delante de mí', dice Jehová" (Isaías 63:22, 23). Preguntémonos ¿Será posible que Dios le haya ordenado a los seres humanos santificar el Sábado o séptimo día en el Huerto de Edén y también a su pueblo a través del Antiguo Testamento para luego cambiar el día de Sábado a domingo en el Nuevo, y después regresar a la observancia del Sábado original en la Tierra Nueva? Imposibles; a la ley y al testimonio si no digiere conforme a esto es por que no el ha amanecido.(Isaias 8:20)
El Sábado es una institución que perdurará. Habría sido respetado debidamente en el Estado judío restaurado, y en la tierra nueva será observado por todos. Todos guardarán el Sábado en señal de eterno reconocimiento de que Cristo creó el paraíso del Edén, y recreó los cielos nuevos y la tierra nueva de justicia y santidad.

LA LEY DE DIOS

Todos los ojos estaban fijos en la montaña. La cumbre se hallaba cubierta de una espesa nube que se hacía cada vez más oscura, y se extendía hacia abajo hasta que todo el monte estuvo velado en el misterio.

En la oscuridad brillaban los relámpagos, mientras que el trueno retumbaba una y otra vez. "Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo" (Exo.19:18,19). Tan poderosa era esta majestuosa revelación de la presencia de Dios, que todo Israel temblaba.

De pronto cesaron los truenos y el sonido de la trompeta, y el silencio se hizo pavoroso. Entonces Dios habló desde la espesa oscuridad que velaba su presencia en la cumbre de la montaña. Movido por un profundo amor hacia su pueblo, proclamó los Diez Mandamientos. Dijo Moisés: "Jehová vino de Sinaí... de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aun amó a su pueblo; todos los congregados  a él estaban en su mano; por tanto, Cuando Dios dio la ley en el Sinaí, no sólo se reveló a sí mismo como la majestuosa autoridad suprema del universo. También se describió como el Redentor del su Pueblo (Exo.20:2).

Debido a que es el Salvador, llamó no sólo a Israel sino a toda la humanidad (Ec.12:13) a obedecer diez breves, abarcantes y autoritativos preceptos que cubren los deberes de los seres humanos para con Dios y para con sus semejantes.Y Dios dijo:         

I "No tendrás dioses ajenos delante de mí.

II No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.         

III "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

IV "Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, no tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

V "Honra a tu Padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

VI "No matarás.

VII "No cometerás adulterio.

VIII "No hurtarás 

XI "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

X "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo" (Exo.20:3-17).

           La Naturaleza de la Ley

Como un reflejo del carácter de Dios, la ley de los Diez Mandamientos es moral, espiritual y abarcante; contiene principios universales.

Un reflejo del carácter del Dador de la ley. En la Ley de Dios, la Escritura presenta los atributos divinos. A semejanza de Dios, "la ley de Jehová es perfecta" y "el precepto de Jehová es puro" (Sal.19:7,8). "La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rom.7:12). "Todos tus mandamientos son verdad. Hace mucho que he entendido tus testimonios, que para siempre los has establecido" (Sal.119:151,152). En verdad, "todos tus mandamientos son justicia" (Sal.119:172).


Una ley moral. Los Diez Mandamientos revelan el patrón divino de conducta para la humanidad. Definen nuestra relación con nuestro Creador y Redentor, y nuestro deber para con nuestros semejantes. La Escritura llama pecado a la transgresión de la Ley de Dios (1 Jn.3:4).
Una ley espiritual. "Sabemos que la ley es espiritual" (Rom.7:14). Por lo tanto, únicamente los que son espirituales y tienen el fruto del Espíritu pueden obedecerla" (Jn.15:4; Gál.5:22,23). Es el Espíritu de Dios el que nos capacita para hacer su voluntad (Hech.1:8; Sal.51:10-12). Al permanecer en Cristo, recibimos el poder que necesitamos para llevar frutos para su gloria (Juan 15:5).


Las leyes humanas se refieren únicamente a los actos externos. Pero de la ley divina dice: "Amplio sobremanera es tu mandamiento" (Sal.119:96); abarca nuestros pensamientos más secretos, nuestros deseos y emociones como los celos, la envidia, la concupiscencia y la ambición. En el Sermón del Monte, Jesús hizo énfasis en esta dimensión espiritual de la ley, revelando que la transgresión comienza en el corazón (Mat.5:21, 22, 27,28; Mar.7:21-23).

Una ley positiva - El Decálogo es mucho más que una corta serie de prohibiciones; contiene principios sumamente abarcantes. No sólo se extiende en lo que no debemos hacer, sino que también abarca lo que debemos hacer. No sólo requiere de nosotros que nos abstengamos de acciones y pensamientos malos; también debemos aprender a usar con fines benéficos los talentos y dones que Dios nos ha concedido. De este modo, cada precepto negativo tiene una dimensión positiva.

Por ejemplo, el sexto mandamiento que dice: "No matarás", tiene como su aspecto positivo "promoverás la vida". "Es la voluntad de Dios que sus seguidores busquen la forma de promover el bienestar y la felicidad de todo aquel que se coloca dentro de la esfera de su influencia. En un sentido profundo, la comisión evangélica las buenas nuevas de salvación y vida eterna en Jesucristo- descansa en el principio positivo incorporado en el sexto precepto".

"La ley de los Diez Mandamientos no ha de ser considerada tanto desde el aspecto de la prohibición, como desde el de la misericordia. Sus prohibiciones son la segura garantía de felicidad en la obediencia. Al ser recibida en Cristo, ella obra en nosotros la pureza de carácter que nos traerá gozo a través de los siglos eternos. Es una muralla de protección para el obediente. Contemplamos en ella la bondad de Dios, quien al revelar a los hombres los principios inmutables de justicia, procura escudarlos de los males que provienen de la transgresión".

Una ley sencilla - Los Diez Mandamientos son profundos en su abarcante sencillez. Son tan breves que hasta un niño puede aprenderlos rápidamente de memoria, y a la vez son tan abarcantes que cubren cualquier pecado posible.
No hay misterios en la Ley de Dios. Todos pueden comprender las grandes verdades que implica. El intelecto más débil puede captar esas reglas; el más ignorante puede regular su vida y formar su carácter de acuerdo con la norma divina".

Una ley de principios - Los Diez Mandamientos constituyen un sumario de todos los principios correctos. Se aplican a la totalidad de la humanidad de todas las épocas. Dice la Escritura: "Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre" (Ec.12:13).

El Decálogo, las diez palabras o Diez Mandamientos (Exo.34:28) consiste en dos partes, indicadas por las dos tablas de piedra sobre las cuales Dios lo escribió (Deut.4:13). Los primero cuatro mandamientos definen nuestro deber para con nuestro Creador y Redentor, y los últimos seis regulan nuestros deberes para con nuestros semejantes.      
    
Esta división en dos aspectos se deriva de los dos grandes principios fundamentales del amor, sobre los cuales se funda la operación del reino de Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo" (Luc.10:27; Deut.6:4,6; Lev.19:18). Los que viven de acuerdo con estos principios se hallarán en completa armonía con los Diez Mandamientos, por cuanto éstos expresan dichos principios  en mayor detalle.

El primer mandamiento prescribe la adoración exclusiva del único Dios verdadero. El segundo prohíbe la idolatría. El tercero prohíbe la irreverencia y el perjurio que envuelve la invocación del nombre divino. El cuarto llama a observar el Sábado e identifica al Dios verdadero como el Creador de los cielos y la tierra. El quinto mandamiento requiere que los hijos se sometan a sus padres como los agentes asignados por Dios para la transmisión de su voluntad revelada a las generaciones futuras (Deut.4:6-9; 6:17). El sexto protege la vida, enseñándonos a considerarla sagrada. El séptimo prescribe la pureza y salvaguarda la relación marital. El octavo protege la propiedad. El noveno resguarda la verdad y prohíbe el perjurio. Y el décimo alcanza a la raíz de todas las relaciones humanas al prohibir que se codicie lo que pertenece al prójimo.

Una ley única. Los Diez Mandamientos poseen la distinción especial de ser las únicas palabras que Dios habló en forma audible ante una nación entera (Deut.5:22). No deseando confiar esta ley a las mentes olvidadizas de los seres humanos, Dios procedió a grabar los mandamientos con su dedo en dos tablas de piedra que debían ser preservadas dentro del arca del tabernáculo (Exo.31:18; Deut.10:2).

Con el fin de ayudar a Israel en la aplicación de los mandamientos, Dios les dio leyes adicionales que detallaban su relación con él y con sus semejantes. Algunas de estas leyes adicionales enfocaban los asuntos civiles de Israel (leyes civiles); otras regulaban las ceremonias de los servicios del santuario (leyes ceremoniales). Dios comunicó al pueblo estas leyes adicionales valiéndose de un intermediario, Moisés, quien las escribió en el "libro de la ley", y las colocó "al lado del arca del pacto de Jehová" (Deut.31:25,26), no dentro del arca, como había hecho con la revelación suprema de Dios, el Decálogo. Estas leyes adicionales las instrucciones de Moisés se conocían como "el libro de la ley de Moisés" (Jos.8:31; Neh.8:1), "el libro de Moisés" (2 crón.25:4), o simplemente "la ley de Moisés" (2 Re.23:25; 2 Crón.23:18).

La ley es una delicia. La Ley de Dios es una inspiración para el alma. Dijo el salmista: "Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación". "He amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro". Aunque "aflicción y angustia se han apoderado de mí - afirma David-, tus mandamientos fueron mi delicia" (Sal.119:97, 127,143). Para los que aman a Dios "sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:3).

Son los transgresores los que consideran que la ley es un yugo intolerable, por cuanto los designios de la mente pecaminosa "no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" (Rom.8:7).

 El Propósito de la Ley

Dios dio su ley con el fin de proveer abundantes bendiciones para su pueblo y llevarlos a establecer una relación salvadora con él mismo. Notemos los siguientes propósitos específicos:

Revela la voluntad de Dios para la humanidad.  Como la expresión del carácter de Dios y de su amor, los Diez Mandamientos revelan su voluntad y propósitos para la humanidad. Demandan perfecta obediencia "porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos" (Sant.2:10). La obediencia a la ley como regla de nuestra vida, es vital para nuestra salvación. El mismo Jesús dijo: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mat.19:17). Esta obediencia es posible únicamente por medio del poder que provee el Espíritu Santo al morar en nuestro interior.

 

Es la base del pacto de Dios. Moisés escribió los Diez Mandamientos con otras leyes explicativas, en un libro llamado el libro del pacto (Exo.20:1 ,24:8; Exo.24:4-7). Más tarde llamó a los Diez Mandamientos "las tablas del pacto", indicando su importancia como la base del pacto eterno (Deut.9:9;  4:13).

Funciona como la norma del juicio. Dice el salmista que, a semejanza de Dios, "todos tus mandamientos son justicia" (Sal.119:172). La ley, por lo tanto, establece la norma de justicia. Ninguno de nosotros será juzgado por su paciencia, sino por estos principios justos. "Teme a Dios, y guarda sus mandamientos" dice la Escritura-, "porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala" (Ec.12:13,14;  Sant.2:12).

Las conciencias humanas varían. Algunas son "débiles", mientras que otras están "contaminadas", son "malas", están "corrompidas" o "cauterizadas" (1 Cor.8:7,12; Tito 1:15; Heb.10:22; 1 Tim.4:2). A la manera de un reloj, no importa cuán bien puedan funcionar, deben estar "puestas de acuerdo con alguna regla exacta para ser de valor. Nuestras conciencias nos dicen que debemos ser justos, pero no nos dicen en qué consiste ser justo.

Únicamente la conciencia sincronizada con la gran norma de Dios -su ley- puede mantenernos libres de caer en el pecado.

Señala el pecado. Sin los Diez Mandamientos, los seres humanos no pueden ver con claridad la santidad de Dios, su propia culpabilidad, ni su necesidad de arrepentirse.
Por no saber que su conducta constituye una violación de la Ley de Dios, no se sienten perdidos ni comprenden su necesidad de la sangre expiatoria de Cristo.
Con el fin de ayudar a que los individuos comprendan su verdadera condición, la ley funciona como un espejo (Sant.1:23-25). Los que "miran" en ella, ven sus propios defectos de carácter en contraste con el carácter justo de Dios. De este modo, la ley moral demuestra que todo el mundo es culpable delante de Dios (Rom.3:19), haciendo así que cada uno sea plenamente responsable delante de él.

"Por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Rom.3:20) por cuanto "el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). De hecho, Pablo afirmó: "Yo no conocí el pecado sino por la ley" (Rom.7:7). Al convencer a los pecadores de su pecado, les ayuda a darse cuenta de que están condenados bajo el juicio de la ira de Dios, y que confrontan la pena de muerte eterna. Los hace conscientes de su absoluta impotencia.

Es un agente en la conversión. La Ley de Dios es el instrumento que el Espíritu Santo usa para llevarnos a la conversión: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma" (Sal.19:7). Una vez que por haber visto nuestro verdadero carácter nos damos cuenta de que somos pecadores, que estamos condenados a muerte y sin esperanza, entonces captamos nuestra necesidad de un Salvador. Entonces las buenas nuevas del Evangelio llegan a ser verdaderamente significativas. De este modo, la ley nos encamina hacia Cristo, el único que nos puede ayudar a escapar de nuestra desesperada situación. Es en este sentido que Pablo se refiere tanto a la ley moral como a la ley ceremonial como "nuestro ayo" para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe" (Gál.3:24).

Aun cuando la ley revela nuestro pecado, no por ello puede salvarnos. Tal como el agua es el medio de limpiar un rostro sucio, así también nosotros, después de haber descubierto nuestra necesidad mirándonos en el espejo de la ley moral de Dios, nos acercamos a la fuente que constituye un manantial abierto... para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac.13:1) y somos purificados "en la sangre del Cordero" (apoc.7:14). Debemos mirar a Cristo, "y a medida que Cristo (nos) es revelado... sobre la cruz del Calvario, moribundo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo (nos) muestra... la actitud de Dios para con todos los que se arrepienten de sus transgresiones". Entonces la esperanza colma nuestras almas, y por fe nos aferramos de nuestro Salvador, quien nos extiende el don de la vida eterna (Juan 3:16).

Provee verdadera libertad. Cristo dijo que "todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (Juan 8:34). Cuando transgredimos la Ley de Dios, no tenemos libertad; pero la obediencia a los Diez Mandamientos nos asegura la verdadera libertad. Vivir dentro de los confines de la Ley de Dios significa libertad del pecado. Además, significa ser libres de lo que acompaña al pecado: La continua preocupación, las heridas de la conciencia, y una carga creciente de culpabilidad y remordimiento que desgasta nuestras fuerzas vitales. Dice el salmista: "Andaré en libertad, porque busqué tus mandamientos" (Sal.119:45). Santiago se refiere al Decálogo llamándolo "la ley real", "la perfecta ley, la de la libertad" (Sant.2:8; 1:25).

Con el fin de que recibamos esa libertad, Jesús nos invita a llegarnos a él con nuestra carga de pecado. En su lugar nos ofrece su yugo, el cual es fácil (Mat.11:29,30). Un yugo es un instrumento de servicio; al dividir la carga, hace que sea más fácil realizar diversas tareas. Cristo nos ofrece su compañía bajo el yugo. El yugo mismo es la ley; "la gran ley de amor revelada en el Edén, proclamada en el Sinaí, y en el nuevo pacto escrita en el corazón, es la que liga al obrero humano a la voluntad de Dios". Cuando compartimos el yugo de Cristo, significa que cada día tenemos que negar al yo. Cristo puede darnos la doble resolución, la voluntad de sufrir y de librar las batallas del Señor con energía perseverante. El nos capacita para tener éxito en lo que antes era imposible. De este modo, la ley, escrita en nuestros corazones, se convierte en una delicia y un gozo. Somos libres porque deseamos vivir conforme a los mandamientos divinos.
Si se presenta la ley sin el poder salvador de Cristo, no hay libertad del pecado. Pero la gracia salvadora de Dios, la cual no anula la ley, pone a nuestro alcance el poder que nos libra del pecado, porque "donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Cor.3:17).

Domina el mal y trae bendiciones.

 El aumento en los crímenes, la violencia, la inmoralidad y la maldad que inunda el mundo, se ha originado en el desprecio del Decálogo. Dondequiera que se acepta esta ley, inmoviliza el pecado, promueve la conducta correcta, y se convierte en un medio de establecer la justicia. Las naciones que han incorporado sus  principios, en sus leyes han experimentado grandes bendiciones. Por otra parte, el abandono de sus principios causa una decadencia progresiva.
En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios a menudo bendecía a naciones e individuos en proporción a la manera como obedecían su ley. "La justicia engrandece a la nación", declara la Escritura, y "con justicia será afirmado el trono" (Prov.14:34; 16:12). Los que rehusaban obedecer los mandamientos de Dios sufrían calamidades (Sal.89:31,32). "La maldición de Jehová está en la casa del impío, pero bendecirá la morada de los justos" (Prov.3:33; Lev.26; deut.28). El mismo principio general continúa siendo válido en nuestros días.

La Perpetuidad de la Ley
           
Por cuanto la ley moral de los Diez Mandamientos es un reflejo del carácter de Dios, sus principios no son temporales ni sujetos a las circunstancias, sino absolutos, inmutables, y de validez permanente para la humanidad. A través de los siglos, los cristianos han creído firmemente en la perpetuidad de la Ley de Dios, afirmando con decisión su validez continua.

La ley antes del Sinaí. La ley existía mucho antes de que Dios le diera el Decálogo a Israel. Si no hubiese sido así, no podría haber existido pecado antes del Sinaí, "pues el pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). El hecho  de que Lucifer y sus ángeles pecaron, provee evidencia de la presencia de la ley aún antes de la creación (2 Ped.2:4).

Cuando Dios creó a Adán y Eva a su imagen, implantó en sus mentes los principios morales de la ley, haciendo que para ellos el acto de cumplir la voluntad de su Creador fuese algo natural. Su transgresión introdujo el pecado en la familia humana (Rom.5:12).

Más tarde, Dios dijo de Abrahán que "oyó... mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes" (Gén.26:5). Moisés, por su parte, enseñó los estatutos y las leyes de Dios  antes del Sinaí (Exo.16; 18:16). El estudio del libro del Génesis demuestra que los Diez Mandamientos eran conocidos  mucho antes del Sinaí. Dicho libro revela que, antes que Dios diera el Decálogo, la gente se daba cuenta de que los actos que éste prohíbe eran malos. Esta comprensión general de la ley moral muestra que Dios proveyó a la humanidad con el conocimiento de los Diez Mandamientos.

La ley en el Sinaí.

Durante su largo período de esclavitud en Egipto una nación que no reconocía al Dios verdadero (Exo.5:2), los israelitas vivieron en la idolatría y la corrupción. En consecuencia, perdieron mucho de su comprensión de la santidad, la pureza y los principios morales de Dios. Su condición de esclavos hizo que para ellos fuese difícil adorar a Dios.

           
Respondiendo a su clamor desesperado en procura de ayuda, Dios recordó su pacto con Abrahán y determinó librar a su pueblo, sacándolos "del horno de hierro" (Deut.4:20) para conducirlos a una tierra en donde "guardasen sus estatutos y cumpliesen sus leyes" (Sal.105:43-45). Después de su liberación, los condujo al monte Sinaí y les dio la ley moral que es la norma de su gobierno y las leyes ceremoniales que les enseñarían a reconocer que el camino de la salvación depende del sacrificio expiatorio del Salvador. De este modo, en el Sinaí Dios promulgó su ley en forma directa, en términos claros y sencillos, "a causa de las transgresiones" (Gál.3:19), "a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso" (Rom.7:13). Tan sólo si lograban distinguir con gran claridad la ley moral de Dios, podrían los israelitas volverse conscientes de sus transgresiones, descubrir su impotencia y comprender su necesidad de salvación.


La ley antes del retorno de Cristo.

 La Biblia revela que la Ley de Dios es el objeto de los ataques de Satanás, y que la guerra del diablo contra ella alcanzará su mayor intensidad poco antes de la segunda venida. La profecía indica que Satanás inducirá a la vasta mayoría de los seres humanos a que desobedezcan a Dios (Apoc.12:9). Obrando a través del poder de "la bestia", dirigirá la atención del mundo hacia la bestia en vez de Dios (Apoc.13:3).

1. La ley bajo ataque. Daniel 7 describe este mismo poder simbolizándolo con un pequeño cuerno. Ese capítulo habla de cuatro grandes bestias, a las cuales, y desde los tiempos de Cristo, los comentadores bíblicos han identificado como los poderes mundiales de Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Los diez cuernos de la cuarta bestia representan las divisiones del Imperio romano en la época de su caída (año 476 D.C.).17

La visión de Daniel enfoca el cuerno pequeño, un poder terrible y blasfemo que surgió entre los diez cuernos, significando el surgimiento de un poder asombroso después de la desintegración del Imperio Romano.

Este poder procuraría cambiar la Ley de Dios (Dan.7:25) y había de continuar hasta el retorno de Cristo. Por sí mismo, este ataque es evidencia de que la ley continuaría teniendo significado en el plan de salvación. La visión termina asegurándole al pueblo de Dios que este poder no logrará eliminar la ley, porque el juicio destruirá al cuerno pequeño (Dan.7:11,26-28).

2. Los santos defienden la ley. La obediencia caracteriza a los santos que esperan la segunda venida. En el conflicto final se unen para exaltar la Ley de Dios. La Escritura los describe como "los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Apoc.12:17; 14:12) y esperan con paciencia el retorno de Cristo.

En preparación para la segunda venida, este grupo de creyentes proclaman el Evangelio, llamando a otros a adorar al Señor como Creador (Apoc.14:6,7). Los que adoran a Dios en amor le obedecerán; el apóstol Juan declaró: "Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:3).

3. Los juicios de Dios y la ley. El juicio de Dios que consiste en las siete últimas plagas que caen sobre los desobedientes, se origina en el templo "del tabernáculo del testimonio" en el cielo (Apoc.15:5). En Israel se conocía bien el término el tabernáculo del testimonio; designaba el tabernáculo que Moisés había construido (Núm.1:50,53; 17:8; 18:2). Se lo llamaba así porque el tabernáculo contenía "el arca del testimonio" (Exo.26:34), la cual contenía las tablas del "testimonio" (Exo.31:18). Vemos así que los Diez Mandamientos son el "testimonio" de la voluntad divina, revelado a la humanidad (Exo.34:28,29).

Pero Apoc.20:5, dice que "fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio". La estructura que erigió Moisés era simplemente una copia del templo celestial (Exo.25:8,40;Heb.8:1-5); el gran original de los Diez Mandamientos está allí guardado. El hecho de que los juicios del tiempo del fin se hallan íntimamente relacionados con la transgresión de la Ley de Dios, añade evidencia a favor de la perpetuidad de los Diez Mandamientos.
           
El libro de Apocalipsis también muestra la apertura del templo celestial, lo cual descubre ante la vista "el arca de su pacto" (Apoc.11:19). La expresión arca del pacto designaba el arca del santuario terrenal, la cual contenía las tablas con "las palabras del pacto", los Diez Mandamientos (Exo.34:27; 10:33; Deut.9:9).

El arca del pacto que se halla en el santuario celestial es el arca original que contiene las palabras del pacto eterno  el Decálogo original. Es claro, entonces, que el tiempo de los juicios finales que Dios envía sobre el mundo (Apoc.11:18) está relacionado con la apertura del templo celestial, con su punto focal en el arca que contiene los Diez Mandamientos; en verdad, esta escena constituye un cuadro apropiado de la magnificación de la Ley de Dios como la norma del juicio.

 La Ley y el Evangelio

La salvación es un don que llega a nosotros por gracia por medio de la fe, no por las obras de la ley (Efe.2:8). "Ninguna obra de la ley, ningún esfuerzo, por más admirable que sea, y ninguna obra buena ya sean muchas o pocas, de sacrificio o no pueden justificar de manera alguna al pecador (Tito 3:5; Rom.3:20)".
A través de toda la Escritura existe perfecta armonía entre la ley y el Evangelio; ambos se exaltan mutuamente.

La ley y el Evangelio antes del Sinaí. Cuando Adán y Eva pecaron, supieron que significan la culpa, el temor y la necesidad (Gén.3:10). En respuesta a su necesidad, Dios no anuló la ley que los condenaba; en cambio, les ofreció el Evangelio que los restauraría a la comunión con él y a la obediencia de su santa ley.
El Evangelio consistía en la promesa de redención por medio de un Salvador, la Simiente de la mujer, el cual un día vendría para triunfar sobre el mal (Gén.3:15). El sistema de sacrificios que Dios estableció, les enseñó una importante verdad relativa a la expiación: El perdón podría ser obtenido únicamente por el derramamiento de sangre, por medio de la muerte del Salvador. Al creer que el sacrificio de los animales simbolizaba la muerte expiatoria del Salvador en su lugar, obtendrían el perdón de sus pecados. La salvación sería por gracia.


Esta promesa evangélica era el centro del pacto eterno de gracia que Dios le ofreció a la humanidad (Gén.12:1-3; 15:4,5; 17:1-9). Se hallaba íntimamente relacionada con la obediencia a la Ley de Dios (Gén.18:18,19; 26:4,5). El Hijo de Dios sería la garantía del pacto divino, el punto focal del Evangelio, el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc.13:8). La gracia de Dios, por lo tanto, comenzó a aplicarse tan pronto como Adán y Eva pecaron. Dijo David: "La misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos; sobre los que guardan su pacto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para ponerlos por obra" (Sal.103:17,18).

 La ley y el Evangelio en el Sinaí.

Existe una relación estrecha entre el Decálogo y el Evangelio. Por ejemplo, el preámbulo de la ley se refiere a Dios como el que libertó a su pueblo de la esclavitud (Exo.20:1,2). Y luego de la proclamación de los Diez Mandamientos, Dios instruyó a los israelitas a que erigieran un altar y comenzaran a ofrecer los sacrificios que habían de revelar su gracia salvadora.

Fue en el monte Sinaí donde Dios le reveló a Moisés una gran porción de la ley ceremonial que tenía que ver con la construcción del santuario, lugar en el cual Dios moraría con su pueblo y se encontraría con ellos para compartir sus bendiciones y perdonar sus pecados (Exo.24:9 - 31:18). Esta expansión del sencillo sistema de sacrificios que había existido antes del Sinaí, bosquejaba la obra mediadora de Cristo para la redención de los pecadores y la vindicación de la autoridad y santidad de la Ley de Dios.
La morada de Dios se hallaba en el Lugar Santísimo del santuario terrenal, sobre el propiciatorio del arca en la cual se guardaban los Diez Mandamientos. Cada aspecto de los servicios del santuario simbolizaba al Salvador. Los sacrificios de sangre apuntaban a su muerte expiatoria, la cual redimiría a la raza humana de la condenación de la ley.
           
El Decálogo fue colocado dentro del arca; por su parte, las leyes ceremoniales, junto con los reglamentos civiles que Dios le dio al pueblo, fueron escritos en el "libro de la ley", el cual fue colocado junto al arca del pacto como "testigo contra" el pueblo (Deut.31:26). Siempre que pecaban, este "testigo" condenaba sus acciones y proveía elaborados requisitos para la reconciliación con Dios. Desde el Sinaí hasta la muerte de Cristo, los transgresores del Decálogo hallaron esperanza, perdón y purificación por fe en el Evangelio revelado por los servicios del santuario que prescribía la ley ceremonial.
La ley y el Evangelio después de la cruz. Según han observado numerosos cristianos, la Biblia indica que, si bien la muerte de Cristo abolió la ley ceremonial, no hizo sino confirmar la perdurable validez de la ley moral.

 Nótese la evidencia:1. La ley ceremonial.

 Cuando Cristo murió, cumplió el simbolismo profético del sistema de sacrificios. El tipo se encontró con el antitipo, y la ley ceremonial llegó a su fin. Siglos antes, Daniel había predicho que la muerte del Mesías haría "cesar el sacrificio y la ofrenda" (Dan.9:27). Cuando Jesús murió, el velo del templo fue rasgado sobrenaturalmente de arriba abajo (Mat.27:51), indicando así el fin del significado espiritual de los servicios del templo.
Si bien es cierto que la ley ceremonial cumplía un papel vital antes de la muerte de Cristo, en muchas maneras era deficiente, sólo "teniendo la sombra de los bienes venideros" (Heb.10:1). Cumplía un propósito momentáneo, habiéndole sido impuesta al pueblo de Dios "hasta el tiempo de reformar las cosas" (Heb.9:10; Gál.3:19), es decir, hasta el momento en que Cristo muriera como el verdadero Cordero de Dios.

A la muerte de Cristo, la jurisdicción de la ley ceremonial llegó a su fin. El sacrificio expiatorio del Salvador proveyó el perdón de todos los pecados. Este acto anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz" (Col.2:14; Deut.31:26). Desde entonces, ya no fue necesario realizar las elaboradas ceremonias que de todos modos no eran capaces de quitar los pecados ni de purificar la conciencia (Heb.10:4; 9:9,14). No más preocupación acerca de las leyes ceremoniales, con sus complejos requerimientos relativos a las ofrendas de bebidas y alimentos, las celebraciones de diversos festivales (la Pascua, el Pentecostés, etc.), las nuevas lunas o los sábados ceremoniales (Col.2:16; Heb.9:10), "todo lo cual es sombra de lo que ha de venir" (Col.2:17).

Con la muerte de Jesús, los creyentes ya no tenían ninguna necesidad de poner su atención en las sombras, es decir, los reflejos de la realidad en Cristo. Ahora podrían acercarse al Salvador directamente, ya que la sustancia o el cuerpo "es de Cristo" (Col.2:17).

Tal como había sido interpretada por los judíos, la ley ceremonial se había convertido en una barrera entre ellos y otras naciones. Había llegado a ser un gran obstáculo para el cumplimiento de su misión de iluminar el mundo con la gloria de Dios. La muerte de Cristo abolió esta "ley de los mandamientos expresados en ordenanzas" entre los judíos y gentiles, y creando así una familia de creyentes reconciliados "mediante la cruz... en un solo cuerpo" (Efe.2:14-16).

2. El Decálogo y la cruz. Si bien es cierto que la muerte de Cristo terminó con la autoridad de la ley ceremonial, por otra parte estableció la ley de los Diez Mandamientos. Cristo quitó la maldición de la ley, librando así de su condenación a los creyentes. Sin embargo, el hecho de que haya realizado esto, no significa que la ley haya sido abolida, dándonos libertad para violar sus principios. El abundante testimonio bíblico referente a la perpetuidad de la ley refuta este concepto.
Bien dijo Calvino que "no debemos imaginar que la venida de Cristo nos ha librado de la autoridad de la ley; por cuanto ésta es la regla eterna de una vida santa y devota, y por lo tanto debe ser tan invariable como la justicia
de Dios".

Pablo descubrió la relación que existe entre la obediencia y el Evangelio de la gracia salvadora. Llama a los creyentes a vivir vidas santas, y los desafía a presentarse a sí mismos "a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia" (Rom.6:13,14). Así pues, los cristianos no guardan la ley con el fin de obtener la salvación; los que procuren hacer eso lograrán tan sólo hundirse más en la esclavitud del pecado. "Todo el tiempo que un individuo se halla bajo la ley, permanece también bajo el dominio del pecado, por cuando la ley no puede salvarnos de la condenación del pecado ni de su poder. Pero los que están bajo la gracia reciben no sólo libertad de la condenación (Rom.8:1), sino también el poder para vencer (Rom.6:4). De este modo, el pecado ya no tendrá dominio sobre ellos".

"El fin de la ley añade Pablo es Cristo para justicia a todo aquel que cree" (Rom.10:4). Por lo tanto, todo aquel que cree en Cristo, comprende que el Salvador es el fin de la ley como instrumento de obtener justicia. En nosotros, somos pecadores pero en Jesucristo somos justos por medio de su justicia.
           
Eso sí, el estar bajo la gracia no les da a los creyentes permiso para continuar en el pecado con el fin de hacer que la gracia abunde (Rom.6:1). Más bien, la gracia suple el poder que hace posible la obediencia y la victoria sobre el pecado. "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Rom.8:1).

La muerte de Cristo magnificó la ley, exaltando su autoridad universal. Si el Decálogo pudiera haber sido cambiado, el Salvador no habría tenido que morir. Pero por cuanto esta ley es absoluta e inmutable, requiere el derramamiento de sangre con el fin de pagar la pena que impone. Este requerimiento, Cristo lo satisfizo plenamente por su muerte inocente en la cruz, poniendo la vida eterna a la disposición de todos los que aceptasen su magnífico sacrificio.

La Obediencia de la Ley
           
Los seres humanos no pueden ganarse la salvación por medio de sus buenas obras. La obediencia es el fruto de la salvación en Cristo. Por su gracia maravillosa, revelada especialmente en la cruz, Dios ha librado a su pueblo del castigo y la maldición del pecado. Aún cuando eran pecadores Cristo dio su vida con el fin de proveer para ellos el don de la vida eterna. El abundante amor de Dios despierta en el pecador arrepentido una respuesta que se manifiesta en obediencia amorosa por el poder de la gracia derramada en tal abundancia. Los creyentes que comprenden cuánto valora Cristo la ley y que además estiman las bendiciones de la obediencia, estarán bajo una poderosa motivación para vivir vidas semejantes a Cristo.

Cristo y la ley. Cristo tenía supremo respeto por la ley de los Diez Mandamientos. Como el gran "Yo Soy", él mismo proclamó desde el Sinaí la ley moral de su Padre (Juan 8:58; Exo.3:14). Parte de su misión en este mundo consistía en "magnificar la ley y engrandecerla" (Isa.42:21). El siguiente pasaje de los Salmos, que el Nuevo Testamento aplica a Cristo, deja clara su actitud hacia la ley: "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón" (Sal.40:8;  Heb.10:5,7).

El Evangelio de Jesús produjo una fe que exaltó firmemente la validez del Decálogo. Dijo Pablo: "¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley" (Rom.3:31).

Así pues, Cristo no sólo vino con el fin de redimir al hombre sino también para vindicar la autoridad y la santidad de la Ley de Dios, presentando ante el pueblo su magnificencia y gloria, y dándonos ejemplo de cómo relacionarnos con ella. Como sus seguidores, los cristianos han sido llamados a magnificar la Ley de Dios en sus vidas. Por haber él mismo vivido una vida de amorosa obediencia, Cristo hizo énfasis en el hecho de que sus seguidores deben ser guardadores de los mandamientos. Cuando se le preguntó acerca de los requisitos para la vida eterna, replicó: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos" (Mat.19:17). Además, el Salvador amonestó contra la violación de este principio al decir: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos". A los que quebranten la ley no se les permitirá la entrada (Mat.7:21-23).

El mismo Jesús cumplió la ley, no destruyéndola, sino por medio de una vida de obediencia. "De cierto os digo declaró, que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mat.5:18). Cristo hizo mucho énfasis en que nunca se debe perder de vista el gran objetivo de la Ley de Dios: Amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mat.22:37,38). Sin embargo, él deseaba que sus creyentes no se amaran unos a otros conforme el mundo interpreta el amor, es decir, en forma egoísta o sentimental. Con el fin de explicar a qué clase de amor se refería, Cristo dio "un nuevo mandamiento" (Juan 13:34). Este nuevo mandamiento no había de reemplazar al Decálogo, sino que proveería a los creyentes con "un ejemplo de  qué es realmente el verdadero amor abnegado, tal como nunca antes de había visto en el mundo. En este sentido, su mandamiento podría ser descrito como algo nuevo. Les encargaba a los creyentes no sólo que os améis unos a otros, sino que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12). Hablando estrictamente, aquí tenemos una evidencia más de cómo Cristo magnificó el amor de su Padre".

La obediencia revela esa clase de amor. Jesús dijo: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15). "Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor" (Juan 15:10). y "guardamos sus mandamientos" (1 Juan 2:3).

Únicamente si permanecemos en Cristo podremos rendir obediencia de corazón. "Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid -declaró el Salvador-, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí... El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:4,5). "Permaneced en mí". Son palabras de gran significado. Permanecer en Cristo significa una fe viviente, ferviente, refrigerante que obre por el amor y purifique el alma. Significa una recepción constante del espíritu de Cristo, una vida de entrega sin reservas a su servicio. Donde exista esta unión, aparecerán las buenas obras. La vida de la vid se manifestará en fragantes frutos en las ramas. La continua provisión de la gracia de Cristo os bendecirá y os convertirá en una bendición, hasta que podáis decir con Pablo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2: 20). "pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo" (Heb.8:10).
           
Las bendiciones de la obediencia. La obediencia desarrolla un carácter cristiano y produce una sensación de bienestar, haciendo que los creyentes crezcan "como niños recién nacidos" y sean transformados en la imagen de Cristo (1 Ped.2:2; 2 Cor.3:18). Esta transformación de pecadores a hijos de Dios provee un testimonio efectivo del poder de Cristo.

La Escritura declara "bienaventurados" a todos "los que andan en la ley de Jehová" (Sal.119:1), "que en la ley de Jehová está su delicia" y que meditan "en su ley... de día y de noche" (Sal.1:2). Las bendiciones de la obediencia son muchas:  entendimiento y sabiduría (Sal.119:98,99);  paz (Sal.119:165; Isa.48:18);  justicia (Deut.6:25; Isa.48:18);  una vida pura y moral (Prov.7:1-5);  conocimiento de la verdad (Juan 7:17);  protección contra las enfermedades (Exo.15:26);  longevidad (Prov.3:1,2; 4:10,22); y  la seguridad de que nuestras oraciones recibirán respuesta (1 Juan 3:22; Sal.66:18).
           
En su invitación a la obediencia, Dios nos promete abundantes bendiciones (Lev.26:3-10; Deut.28:1-12). Cuando respondemos en forma positiva, llegamos a ser su "especial tesoro", "real sacerdocio, nación santa" (Exo.19:5,6;1 Ped.2:5,9), exaltados "sobre todas las naciones de la tierra", puestos "por cabeza, y no por cola" (Deut.28:1,13).

ellos siguieron en tus pasos, recibiendo dirección de ti" (Deut.33:2,3).

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